He estado todo el día en pijamas, un poco en la compu y otro tanto en la cama descansando. De pronto recordé que Marlene y Norma mis dos queridísimas amigas vendrían, que no había hecho las compras, que el champoo y el reacondicionador estaban en 00, así que antes de salir al super, llamé a Alberto para concertar que me recogiera con mis compras, el viaje de ida pensé hacerlo a pie. Una vez con las compras lo llamé para que me ubicara y regresar a casa con mis compras. Al fin apareció, mudamos los paquetes al auto, yo estaba seria y él trataba de ser gracioso, lamentablemente escogía situaciones que para mí no lo eran. Me comentaba como a un señor mayor se le caían las cosas, pero aparentemente el señor tenía algún tipo de parkingson o algo que se le parecía porque le temblaban las manos. Muy cerca del auto pasó una persona bastante pequeña, gente menuda, a Alberto no se le ocurrió mejor idea que preguntarme si esa persona compraría su ropa en la sección bebés. Sin comentarios ni críticas, pregunté ¿nos vamos?, él no contestó sólo encendió el auto y empezamos la marcha. Entonces Alberto preguntó -Leyla ¿y... si te invito a comer? -Yo hice un silencio luego le contesté, te agradesco la invitación pero -no puedo-. Él entonces me dijo, y... ¿eso qué significa?, yo repetí tratando de no evidenciar mi malestar, que no, que no puedo. ¡Ah!, replicó, pero es que a veces las chicas dicen que no y en realidad es que sí. Yo le contesté tratando de restarle importancia, probablemente, pero para mí, no significa no, exactamente no. Llegamos, Marlene estaba ya en portería, tomó algunos de mis paquetes y el portero tomó lo que faltaba, despedimos a Alberto, él antes de irse no tuvo mejor idea que comentar, -señorita Leyla, qué lástima que tenga tanta ayuda, si no la tuviera sería un buen pretexto para subir a su depa.... -Yo imposté una carcajada en el afán de darle al comentario un contexto de broma, luego continuamos ignorando a Alberto. Cuando Marlene y yo estuvimos solas, ella me comentó que el portero tenía cara de pregunta, pero al verme tan contrariada se contuvo, a lo que yo respondí aliviada, ¡Qué bueno!, es terrible tener que soportar que todos se sientan con derecho a comentar. ¡Merry Christmas, le dije, y chocamos las copas de ponche para empezar.

0 comentarios:
Publicar un comentario
¿qué nos cuentas desde tu toilette?
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio