ENLATOILETTE: EXILIO VOLUNTARIO

Cada una desde su toilette, gritando o susurrando, lo que nos decimos a nosotras mismas. Un espacio para nosotras que tenemos alguna discapacidad y mucha presión social que no nos deja ser felices. Aquí todo está permitido mientras sea consentido. Sexualidad libre de críticas; abre el baúl de emociones, sentimientos, herotismo, sensaciones. En la toilette dejamos de ser las hijas de un Dios menor, cotilleamos, tramamos y soñamos con una realidad diferente.

24 mar 2014

yo te saqué de tu casa y yo debo devolverte

la noticia del próximo matrimonio de Casandra me llenó de mucha alegría.
la amistad entre sus padres y yo tiene larga data, somos amigos los tres desde que éramos adolescentes.
Cuando Casandra era apenas una bebé tuve ocasión de levantarla en brazos, Casandra siempre ha sido una niña muy linda, muy cariñosa,  que ahora tomara estado me producía una real satisfacción.
Andrés y yo habíamos empezado a salir quizás algo discontinuos, como hace unos tres a cuatro meses antes del matrimonio. Mientras tomábamos un helado, le comenté muy superficialmente respecto a esta invitación del próximo matrimonio de Casandra, me cuidé de no darle detalles. Él, retuvo la fecha, y comentó casi balbuceando, viernes nueve, es el quinceañero de mi sobrina. me preguntó si yo iría de todos modos al matrimonio, le dije que sí pero cambié rápidamente de tema. En otra ocasión anterior me había mencionado el quinceañero, pero nunca me dijo vamos, yo entendía que él no estaba listo, ¿listo para que? Para presentarme a su familia. Debería más bien decir exhibirme a mí y a mi discapacidad ante su familia. No estaba listo para dar respuestas, ¿porque con esa mujer ciega? No estaba listo y eso era todo.
yo me preparé para ir al matrimonio, mi intención era llegar a la iglesia, ir a la reunión en los salones parroquiales y luego ir con alguno de los amigos a la fiesta en la casa de campo. en ocasiones anteriores cuando se fueron cazando los hijos de mis amigos, hice eso, y me dio muy buen resultado.
El día anterior al matrimonio Andrés me llamó y me dijo que quería que fuéramos juntos, yo con cierta preocupación le dije que yo pensaba que era mejor que él fuera al evento familiar que tenía planeado y que yo iría al que yo quería ir.
Él casi cortando la conversación, determinó que iríamos juntos, que el pasaría por mi y que así sería.
esa sola actitud ya me generaba preocupación, no la reconocí como sobreprotección sino como autoritarismo machista. 
llegó el día, Andrés no llegaba, yo lo llamé y le dije, que si no llegaba en 10 minutos, yo iría por mi cuenta, que si quería, podía alcanzarme. la verdad es que llegó en 12 minutos.
Nuestra conversación camino a la iglesia fue bastante tensa, la verdad es que el tráfico estaba pesado, no podía culpar sólo a Andrés de eso, pero no era agradable.
Durante la ceremonia el tubo detalles muy simpáticos, me fue describiendo escenas y actitudes de las personas, que si en algún momento hubo una risa a coro, el me dio los detalles de porque  era eso. gracias a él tuve conocimiento de algunos hechos anecdóticos, cosas derivadas de la torpeza y nerviosismo de los padrinos y de alguno de los novios.
recuerdo un comentario después de una de las descripciones, me dijo: "quiero que te sientas como si vieras", yo recibí ese comentario con sentida preocupación,
otra vez no reconocí sentimientos de protección hacia mí o alguna forma de paternalismo, sino más bien un rechazo soslayado a mi discapacidad visual. Hice un comentario en respuesta y en muy baja voz, no es necesario, pero, gracias -le dije.
entramos con todos los demás a los salones parroquiales, yo me saludé con varios de los amigos y  les fui presentando a Andrés, empecé a recibir ofertas de parejas de amigos para acercarme a la casa de campo, Andrés empezó a contestar por mí, ella no irá, la llevaré a su casa en media hora porque yo tengo un evento familiar.
presumo que en mi rostro se reflejaba el desconcierto, porque los amigos, no aceptaban esa respuesta, y varios de ellos me dijeron -conversamos, aludiendo a -conversamos cuando éste se vaya-.
cuando por una tercera vez Andrés iba a contestar por mí, contesté yo adelantándome, asentí, OK, genial, voy con ustedes, muchas gracias.
Andrés me tiró del brazo y me dijo: no puedes hacer eso, yo te he sacado de tu casa, yo voy a devolverte. haciendo un verdadero esfuerzo para contenerme, le dije: no te preocupes, yo ya me he comunicado con mi casa, ellos saben que estoy yendo  a la fiesta en la casa de campo.
Andrés me respondió un poco más enojado: "no, ese no fue el trato" esta vez con mucho menos esfuerzo que la anterior yo le pregunté creo que con un tono de voz algo más elevado, casi gritando: ¿hubo algún trato? me acerqué a él y tirando lo de un lado le di un beso para despedirme, muchas gracias por la compañía, la he disfrutado, ve a tu evento, que yo voy al mío, le dije. Y empecé a caminar alejándome de él hacia dónde estaban mis amigos. Andrés me cogió de los brazos torciéndolos hacia atrás y me quitó el bastón de la mano, diciéndome con tono autoritario y en bastante alta voz: "te he dicho que no puedes hacer eso, que ese no ha sido el trato, y que yo te saqué de tu casa, yo te devuelvo, y vamos porque llegaré tarde." yo traté  de soltarme y de recuperar mi bastón,  pude soltarme pero no recuperé mi bastón. Andrés había perdido los papeles, empezó a empujarme con una parte del cuerpo ante mi negativa  a caminar, "¡ devuélveme el bastón!", le dije.
Andrés había olvidado que estábamos en una reunión, primero me dio una zarandeada que hizo   que mi cartera cayera al piso, yo la recogí. Volví a pedirle que me devolviera el bastón, como no lo hizo, le di con la cartera, él me dio  una cachetada, dos de mis amigos se habían acercado, los dos varones, esposos de dos buenas amigas. recuperaron mi bastón y sacaron a Andrés de lugar, yo me sentía muy avergonzada, porque había roto la tranquilidad de todos, porque los amigos tuvieron que intervenir para ayudarme, porque había traído a Andrés como compañía.
todos estos pensamientos y sentimientos encontrados me hacían pensar que a lo mejor ir a la fiesta no iba a ser muy buena idea, sin embargo, pensé que hacer ese tipo de cambios de decisión en ese momento sería muy inoportuno, una decisión totalmente inconveniente, mucho más lesiva para mi imagen desgastada con este lamentable suceso.
felizmente yo contaba con muy buenos amigos, ninguno hizo preguntas, ninguno pidió más explicaciones de las que sus ojos les habían dado, tuve la impresión que la consigna era enterrar el momento desagradable. agradecí al universo por esa fortuna, y mientras íbamos a la fiesta, conversábamos sobre diferentes cosas, el clima loco, el tráfico, los arreglos y los desvíos viales que se estaban usando, sobre eventos pasados, sobre la amistad.
sentí que se disipaba mi incomodidad, casi había olvidado que Andrés me había acompañado a ese evento, de pronto me asaltó una ráfaga de preguntas: ¿porque tuvimos que llegar hasta ese extremo? se me ocurrían una serie de respuestas, luego otra pregunta: ¿que pude haber hecho para evitarlo? ¿Cómo prevenir que me vuelva a ocurrir esto con otra persona? la fiesta estuvo genial, tanto para los chicos como para los grandes, todo bastante bien organizado, nuevamente la satisfacción por el matrimonio de Casandra fue desplazando todas mis molestias, el momento desagradable se fue borrando. de pronto caí en cuenta  que mi  bastón estaba torcido, claro, los amigos habían forcejeado con Andrés para que éste lo devolviera. por fin llegó la limosina que se llevó a los recién casados a su luna de miel. ya quedábamos pocos, pero todos amigos. Los dueños de casa, tenían un dominó con los números en relieve, que usualmente usábamos cuando yo los visitaba, jugámos varias partidas, como también otros juegos, casi nos dio el amanecer después de la fiesta, pero todo tenía la tácita consigna de no generar incomodidad, no preguntas, no explicaciones, una vez más agradecí esa fortuna.
Sentí muy dentro de mí la sombra del miedo, miedo de los Andréses que uno pueda encontrarse en la vida.

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