Cuando la prima Sherry me avisó que los tíos, mis adorables tíos, estaban en camino, supe abruptamente que se venía un tiempo de abnegado sacrificio y renuncias, todo un esfuerzo por la paz, mucha discresión, mucho aburrimiento, mucha tensión. Pero no fue tan así de malo, la tía Charlote me enseñó muchos truquitos para agradar a los visitantes, nuevas recetitas de copteles, bocaditos, en fin, el tío Klaus, me contó muchas de sus anécdotas picantitas, claro cuando la tía no estaba cerca, pero esa info, me daba nuevas y robustas ideas. Con mis tíos queridos en el depa, no travesuras, ni casualidades heróticas, cuidado con las conversaciones telefónicas y a ponerse las bragas, brassier, y nada de batas transparentes y cómodas, en la casa casi como en el trabajo, bien, lo peor fue cuando mi astuto vecino Marcel Leblank empezó a intimar con ellos, me sentí amenazada en mi propia casa, sabía que franchute inyectaría su veneno selectivamente. Entonces empecé a urdir yo también mi propia estrategia de defenza, un día a propósito de una conversación sobre números telefónicos mal anotados, les pregunté si 637 podía confundirse con 891, entonces ellos muy comprensivos con mi situación de discapacidad visual obviamente me respondieron que no había posibilidad alguna de confusión, que no cabía tal confusión, aprovechando el momento, les relaté todo ese asunto caprichoso de cómo mi vecino había dado a sus corresponsales mi número de buzón por error y cómo su correspondencia aterrizó en mi buzón y la cantidad de veces que se me apareció en horas oportunas e inoportunas a pedirme su correspondencia. A la tía Charlote se le prendió un foquito, pero muy discreta me dijo, -hija ese sujeto hace muchas preguntas, o es muy curioso o tiene algo en mente-, la conversación concluyó, tampoco era mi intención preocupar a los tíos. Cuando Marcel Leblank trató de hacerles saber muy sutilmente sobre mis visitantes y mis actividades, los tíos lo reubicaron en una, el pobre franchute quedó a kilómetros de distancia. ¡Já!, Bien tengo las baterías cargadas, estoy dispuesta a recuperarme en una.
Etiquetas: casualidades heróticas, espacio propio, libertad