Ya hace varios días que Silvia, una compañera de trabajo sin discapacidad me había dicho que quería hablar conmigo. Yo me cuido de esos "amorosos" requerimientos entre comillas, porque a menudo o son dramáticas solicitudes de ayuda económica, un préstamo de efectivo, una contribución también efectiva para una actividad de recaudo para salir del apuro, de esas típicas pro fondos propios o pro bolsillo; cuando no, es que quieren venderte algo que generalmente no usas, no necesitas, o es más barato adquirirlo en otro sitio. La relación que tengo con Silvia es una de esas tipo polite, pero no de las polite que tiene todo el mundo sino de las polite que tienen las mujeres sin discapacidad con otras mujeres con discapacidad con las que no están sanguíneamente conectadas, ni son hijas, ni son madres, ni son hermanas, ni son primas del alma; nosotras trabajamos en el mismo local pero no en la misma área. ¿una 'relación 'polite? entonces... ¿cómo es?... a veces nos hemos saludado con Silvia al llegar por la mañana al trabajo, o al coinsidir en los servicios higiénicos, o en el patio, sin embargo ha sucedido muchas veces que hemos vuelto a coinsidir, ella conversaba normalmente con alguna otra persona y yo he percibido que mientras yo he pasado o he estado en el lugar ella interrumpió su conversación o bajó casi a susurro el volúmen de su voz. Suelo ignorar esos comportamientos y me esfuerzo por no hacer comentarios al respecto, por eso puede que las personas piensen que no me he dado cuenta. A veces también ha sucedido que a la hora del refrigerio, encontrándonos casi todos en el cafetín, ante cambios no avisados que nunca faltan, como la disposición o ubicación de los hornos microondas, la disposición o ubicación de sillas o mesas, dispensadores de servilletas o de agua, o hasta tachos para la vasura, he requerido ayuda, he percibido que Silvia está allí con su grupo, pero he recibido la ayuda de otra persona generalmente matizada con una larga espera. Pasado el evento, más tarde, de usual he recibido una llamada o una visita de Silvia, con cualquier motivo, o sin motivo, y... o la llamada o la visita, jamás han concluido sin la típica pregunta "casual" entre comillas, ¿encontraste el microondas? ¿te ayudó fulana de tal?, a lo que de usual se añade una también típica justificación -no requerida por mí-, (adornada con titubeos), cuando me dí cuenta de tí, de que estabas buscando... esperando..., ya te estaban ayudando, o --cuando ví para el costado tú estabas allí.... Una vez más, de usual, ignoro esos comentarios, contesto escuetamente las preguntas "casuales", de final de llamada o de final de visita, tragándome cualquier observación. Comas, tildes y puntos más la mayoría de mis relaciones con mujeres sin discapacidad con las que no estoy sanguíneamente conectada tienen el mismo molde, ya sea en el trabajo, en la academia de natación, en la asociación de profesionales, con las chicas del cole, con las de la promo, en cualquier parte. Digamos que los conflictos cotidianos se reducen con ello a su mínima expresión. Sin embargo la urgencia de Silvia era esta vez, inusual, me esperó a la salida y caminamos hasta un mall cercano al trabajo, nos perdimos entre la ropa, los zapatos, lalencería y los accesorios. Estaba ocurriendo con Silvia que a ella le había aparecido un galán en el trabajo, un fan / galán "polémico" entre comillas, de esos que despiertan los sentidos dormidos. Una situación bastante similar me había ocurrido a mí poco tiempo antes. La diferencia entre estos dos acontecimientos el primero en el que yo "la discapacitada", era la protagonista y este último protagonizado por Silvia, estriba en las estrategias de discresión, el sentido de la oportunidad, ¿qué quiero decir?, precisamente lo que estoy diciendo, que para mi caso, yo no busqué conversar con ella sobre el tema, Silvia por una de esas "malditas casualidades" del destino tuvo acceso a la información y fue ella quien buscó conversar conmigo para cumplir con su "deber de amiga" entre comillas, un -deber que yo hubiera preferido que ella olvidara-. Esta vez, ella, Silvia, quería contármelo todo, había guardado pelos y señales hasta de los fantasmas, después de escucharla, se me antojó un helado con mousse, la situación se tornó tensa, ella, con no tan oculta intención, me re preguntó ¿de todos modos quieres el helado?, yo le contesté que sí, intentando disimular mi fastidio, porque Silvia en el colmo de su egoísmo pretendía que yo me abstuviera de comprarme mi helado porque a ella no se le antojaba comprar uno y tampoco quería caminar hasta la sección postres. Yo en un acto de hipócrita comprensión, le dije: --Mientras miras los brassier yo voy y vengo del 4D, y luego me terminas de contar, ella caminó conmigo en silencio, yo me sentía tan mortificada, que me tomé todo mi tiempo en escoger, decidir y comprar mi helado con mousse, además, me compré unas barras de chocolate tomándome todo el tiempo en callada venganza. Silvia se pidió un capuccino y una tartaleta, mientras comíamos me inquirió, ¿qué piensas? -me dijo, yo no lo he buscado, además si él me busca a mí es porque en la casa la mujer no lo atiende, decía con inflexiones caprichosas de su voz. Yo la desconocía, ¿había cambiado de moral, de manera de sentir por la humanidad desde la conversación / intromisión en ése asunto mío?... otra diferencia importante entre Silvia y yo, es que Silvia tiene una niña de un compromiso distinto a su actual matrimonio, el marido es uno de esos gorditos buena gente y muy servicial, a mí me parece que él la adora, aunque a decir verdad no sé, no he averiguado, no me importa, ni aciencia cierta ni descierta, saber / investigar como les va a ambos en el rin de las cuatro perillas, con la niña el gordito es bastante consentidor, no sé, no he evaluado ni tampoco me importa, qué tan bueno o tan malo es eso. Yo en cambio, no tengo hijos ni pareja, ni ahora ni cuando ocurrió lo de mi polémico galán, sin embargo, no se me hubiera ocurrido justificar la ocasión con esos argumentos, tan faltos de perspectiva como lo estaba haciendo Silvia. Hasta en dos ocasiones reprimí mi opinión, con un bocado gigante de helado, dejé que ella opinara por mí, finalmente.... ante el dilema "decirlo o no decirlo", algo así, como "hacérte valer o devaluarte", confronté con una pregunta que de usual me hace mi asesor personal, cuando evaluamos situaciones que por alguna razón me afectan, sobrevino entonces la pregunta: ¿cómo se portaría ella en tu lugar?, (co-rrec-ción), ¿cómo se portó ya ella en tu lugar?, ¿cuáles son las razones y la validéz de las mismas para que tú tengas el comportamiento que se te ha asignado? Me decidí.... cargué de espuma la boca y hablé. Silvia -le dije, ¿y la bebe?, ¿y el gordito? —Sí también he pensado en eso -me dijo, ¿ah sí? le pregunté con cierto sarcásmo, ¿no me digas? al gordito le darás un violín y a la bebe un tamborcito para que te hagan la musiquita... -le dije, además ¿no me dijiste -a propósito de otra situación- que con gente del trabajo es "mala onda" porque todo finalmente se sabe? -terminé. Ella se quedó callada, pero... crees.... -titubeó, yo entonces asesté el último golpe, repetí textualmente el párrafo último que ella pronunció en aquella ocasión en que decidió ser mi "verdadera amiga" sin que yo se lo pidiera. Silvia, como amiga tuya que soy, no puedo ayudarte con esto, -le dije, es más mi deber sería: hasta evidenciarte si no hicieras lo que corresponde... sin embargo apuesto por tí,porque harás lo correcto -concluí solemnemente. Aunque yo misma no me creyera lo que decía... Ella quedó con un palmo de naríces, yo estaba preparada para todo, desde un desplante hasta una crisis histérica, minutos antes, muy discretamente, había enviado un texto / SMS al taxista para que me recogiera, no era Alberto, hace muchísimo tiempo que no trabajaba ya con él, así, con el servicio del taxista, evitaba tener que soportar cualquier agresión directa o diferida de parte de Silvia a causa de mi ocasional dependencia. Silvia se recuperó, tuvo la desfachatés de decir aunque titubeando, pero... es que... tú creo que no entiendes.... no es lo mismo contigo... que conmigo... yo por supuesto asumí que ella se estaba refiriendo a mi #discapacidad, a que mis derechos, mi libertad y mi cualquier cosa eran distintas por mi #discapacidad, sí, -le dije, es verdad, tienes toda la razón, ¡amiga!,- casi lo había olvidado, e hice una pausa algo larga...sentí que Silvia rió bajito, entonces dije: —yo no tengo un marido que me aceptó tal como llegué a su vida, a mí y a mi niña, y tampoco tengo una niña a quien debiera dar buen ejemplo para transformar su historia de vida. De ésta ya no se recuperó.... el taxista me envió un texto, "me sonó la campana", bueno amiga -le dije, tengo infinidad de cosas que hacer, pensé que había algo más urgente de qué hablar, sin embargo ha estado rico mi helado.... nos vemos mañana en la oficina... —Salí, el taxista me esperaba, me fuí, me sentí más que regia, reivindicada, y... tal como imaginé, el día siguiente a esa estúpida conversación, no fue ni catastrófico, ni nada que se le paresca, fue digamos que casi ordinario, parecía mi cumpleaños jajája, Silvia estaba atentísima, cariñosísima, me trajo unos dulces, que yo por miedo / desconfianza, no consumí, se vino a la oficina a contarme un capítulo de la novela, en fin.... sin embargo eso no me hizo bajar la guardia.
